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LOCURA Y CREATIVIDAD: HERRAMIENTAS PARA CAMBIAR EL MUNDO


 
 
 
 
LOS ENEMIGOS DE NUESTRA CREATIVIDAD
 

  
 
 SSsssss!
 
 
 
 


HOMENAJE A GLORIA FUERTES:
"MORIR POR ENCONTRAR LA VIDA"
 
 


















Gloria FuertesGloria Fuertes fue una escritora española, nacida en Madrid el 28 de julio de 1917 y fallecida en la misma ciudad el 27 de noviembre de 1998. Provenía de una familia muy humilde y, dado que su padre trabajaba como portero, debieron mudarse en varias ocasiones, lo cual repercutía en la estabilidad escolar de Gloria. Cuando tenía diecisiete años, el fallecimiento de su madre la obligó a trabajar; contaba con una amplia preparación académica, lo cual le permitió obtener un puesto en el departamento de contabilidad de una fábrica metalúrgica. Esto no la alejó de las letras, ya que aprovechó cada rato libre para escribir poesía. Al año siguiente, pudo publicar sus primeras obras y también comenzó a dar recitales en Radio Madrid. A partir de ese momento, colaboró con diversas revistas, como ser la infantil Maravillas (ofreciendo historietas, cuentos y poemas), Chicas, Postismo y Cerbatana.
Entre los libros de su autoría encontramos los poemarios "Isla Ignorada", "Antología Poética", "Aconsejo beber hilo" y "Poemas del suburbio", así como la obra de teatro en verso titulada "Prometeo". Gloria recibió el Premio Guipúzcoa de poesía, el "Lazarillo", la Beca March para Literatura Infantil y fue diplomada honorífica del Premio Internacional Andersen, también por obras para niños.


POEMAS:


AUNQUE NOS MURIÉRAMOS AL MORIRNOS


Aunque no nos muriéramos al morirnos,
le va bien a ese trance la palabra: Muerte.

Muerte es que no nos miren los que amamos,
muerte es quedarse solo, mudo y quieto
y no poder gritar que sigues vivo.






SE SUICIDÓ LA ESTATUA DEL DICTADOR


Se suicidó
la estatua del dictador.
La estatua vivía en el centro del estanque.
Una noche de viento
la estatua se lanzó al agua.
La estatua del dictador
murió ahogada.

Sólo las gaviotas la echaron de menos.






TODO EL PASADO


Todo el pasado se quiere apoderar de mí
y yo me quiero apoderar del futuro,
me dislocan la cabeza para que mire atrás
y yo quiero mirar adelante.

No me asustan la soledad y el silencio,
son los lugares preferidos de Dios
para manifestarse.

Mi eterna gratitud a los que me quieren,
siempre les recordaré a la hora del sol.

No puedo detenerme,
perdonad, tengo prisa,
soy un río de fuerza, si me detengo
moriré ahogada en mi propio remanso.




 
ESPECIAL DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA (21 DE MARZO)
"POB NOVÍSIMOS": BLANCA ANDREU

Y SU POESÍA INTEMPORAL





Blanca AndreuBlanca Andreu es una poetisa española, nacida en La Coruña en el año 1959. En su juventud, comenzó a estudiar Filología en la Universidad de Murcia y se trasladó a Madrid a mitad de la carrera, con la intención de finalizar allí sus estudios. Fue en la gran ciudad donde entabló relación con el escritor Francisco Umbral, quien la conectó con los círculos literarios del lugar. Entonces, Blanca dejó sus estudios para lanzarse de lleno a la profesión de la lírica. Su vida se vio marcada por la prematura muerte de su esposo, el novelista Juan Benet; en el año 1993, dejó la vida pública para volver a los paisajes de su infancia.
En sus obras, que partieron del surrealismo para gradualmente dejarlo atrás, aborda principalmente el amor, la infancia y el paso del tiempo. La escritora asegura que el dolor, que la acompañó en la época de sus primeras publicaciones, le permitió evolucionar y dar más profundidad y sencillez a sus versos. Entre sus poemarios, destacan "De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall", ganador del Premio Adonais en 1980, "Capitán Elphistone" y "Los archivos griegos".




 



Di que querías ser caballo esbelto, nombre
de algún caballo mítico,
o acaso nombre de tristán, y oscuro.
Dilo, caballo griego, que querías ser estatua desde hace diez mil años,
di sur, y di paloma adelfa blanca,
que habrías querido ser en tales cosas,
morirte en su substancia, ser columna.

Di que demasiadas veces
astrolabios, estrellas, el nervio de los ángeles,
vinieron a hacer música para Rilke el poeta,
no para tus rodillas o tu alma de muro.

Mientras la marihuana destila mares verdes,
habla en las recepciones con sus lágrimas verdes,
o le roba a la luz su luz más verde,
te desconoces, te desconoces.

 

 

ELENA MEDEL: 

“Yo no salvo vidas, no soy cirujana, no soy ingeniera. Soy solo poeta”

Comenzó a publicar a los 16. Ahora, con 28, Elena Medel presenta Chatterton, un poemario sobre el desencanto que se alzó con el XXVI Premio Loewe a la Creación Joven. Escrito con ironía, en sus versos retrata las expectativas incumplidas: el regreso a la casa de los padres, la precariedad, la propia soledad como prenda cotidiana.
 
 
 
 
 
 
“La vida costaba dieciocho euros/ y no había/nada que temer”. El futuro tenía letra pequeña, pero entonces nadie lo sabía. Y entre la vida soñada y la vivida quedó un trecho, un huerto del que ahora se arrancan las palabras como los dientes de las encías. Preguntándose cuánto de lo que ahora posee es heredado y cuánto realmente suyo, Elena Medel (Córdoba, 1985) se planta con Chatterton "Cercano", un poemario que retrata la vida que no fue, la de la vuelta a casa de los padres, la del presente escaso y precario.
“Nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío/ en el cajón/ de la fruta que se pudre”, escribe Medel, quien ganó con este libro el XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven, que se concede a los poetas de menos de 30 años. Ella tiene 28. Sin embargo, quien lee sus versos se pregunta: ¿se puede a esa edad amasar ya el desencanto? A juzgar por este libro, sí.  
El título del poemario, Chatterton, alude al poeta prerromántico inglés, quien se suicidó poco antes de cumplir los 18. Habilidoso fabulador, había engañado a estudiosos y expertos inventándose la obra y la vida de personajes literarios que convirtió en escaparates de su propia escritura. Valiéndose de su figura, Elena Medel juega en este libro con la idea de las vidas inventadas o las deseadas, tan lejos siempre de la versión que la realidad les depara.
Elena Medelcomenzó a publicar a los 16 años, cuando su poemario Mi primer bikini (2002) ganó el Premio Andalucía Joven. A ese siguió Tara (2006) y las plaquettes Vacaciones (2004) y Un soplo en el corazón (2007). Junto a la también poeta Alejandra Vanessa, dirige La Bella Varsovia, una editorial que se dedica a publicar la obra de autores jóvenes.
-Jaime Siles, miembro del jurado del Loewe, la colocó en un aprieto. Describió el poemario como la denuncia de toda una generación; un libro feminista y un elogio a la adolescencia.
-De todos mis libros quizás es el que hable de situaciones más extremas y paradójicamente es el más luminoso. Hay una conciencia del lenguaje distinta de Tara. Este libro fue más natural. A mí no me molesta tampoco que se refirieran a Chatterton como un libro femenino o feminista. No tenemos por qué justificarnos por escribir desde nuestra voz. La experiencia femenina también es universal.
"Está presente la sensación de dejar atrás la juventud y comenzar a vivir una vida adulta que vuelve a las costumbres de la vida adolescente".
-Chatterton ha sido escrito tras ocho años de silencio. Parece un libro de despedida, de cierre.
-Sí, está presente la sensación de dejar atrás la juventud y comenzar a vivir una vida adulta en la que, paradójicamente, se retoman las costumbres de la vida adolescente. La vuelta a casa de los padres, por ejemplo. Es un poemario que cierra una etapa. Vuelve a cosas que ya estaban en Mi primer bikini, recupera otras de Tara. Y sin embargo está entre los dos. Pero creo que es un libro tranquilo.
-Todo lo tranquilo que se puede estar al dibujarse un pentagrama en la muñeca con una cuchilla.
- Venía de escribir Tara, en el que había de un trabajo de escritura muy claro que me permitió enfocarme en el lenguaje. Cuando empecé a escribir los poemas de Chatterton, me di cuenta de que con las palabras de Tara no podía hablar de la precariedad laboral, la precariedad sentimental, de los problemas que no sólo tenía yo sino mis amigos. 
"¿Cuál es la vida real? ¿La que has vivido o la que has imaginado?  El poema que da título a un libro sobre el fracaso es precisamente el que habla de un fracasado".
-Chatterton, el poeta que da nombre al poemario, es el romanticismo en vena. Una vida corta, sufrida, terrible. Pero lo curioso es que era un fabulador, alguien dedicado a escribir vidas que no existen ni son la suya. ¿Esta vida suya acaso tampoco lo es?
-El libro parte de una sensación. Durante años estuve pensando en un futuro, en unas expectativas, que cuando se convirtieron en presente no tenían nada que ver con aquella vida que había imaginado. Cuando tienes 19 piensas en los 29 y dices: tendré un trabajo, viviré sola, quizás tenga pareja. Pero al llegar, te encuentras con algo completamente distinto. Chatterton va por ahí. Quise utilizar esa figura para introducir un punto irónico y rebajar el tono dramático del libro. Porque creo que en el libro hay bastante humor, parodia e incluso crueldad con los personajes que ahí aparecen. Digo personajes porque me parece que es un libro muy narrativo.
-Tengo entendido que una amiga suya le comentó que era como una Eneida femenina.
-Sí. Ella me dijo algo como: no sé si estás intentando fundar tu propia ciudad, tu propio imperio o volver a casa como Ulises.  Me resultó graciosa esa comparación. Mis poemas han sido siempre muy narrativos, pero en este comencé a escribir historias de manera más natural.
"Hablo de fracaso pero también de desengaño, de las expectativas no cumplidas".
-¿Cuál es la conexión entre Chatterton y los ocho años de escritura de este libro?
-Tomo el apellido de Chatterton porque me gusta con jugar con esa sensación de que la vida real es una ficción. ¿Cuál es la vida real? ¿La que has vivido o la que has imaginado? Me parecía interesante que el poema que da título a un libro sobre el fracaso sea precisamente el que habla de un fracasado.
-¿No le parece que, en su caso, con 28 años, es muy pronto para fracasar?
-Hablo de fracaso pero también de desengaño, de las expectativas no cumplidas. Las que nos creamos y las que cargan sobre nosotros.
"Me gustaría pensar que el libro puede apelar a historias de otras edades, porque en el fondo habla de situaciones universales".
-Insisto: está escrito por una mujer de 28 que parece de 40.
-Mi ritmo de publicación comenzó muy pronto, a los 16, a la vez que Carlos Pardo y gente que tenía diez años más que yo. La verdad es que no me he  parado a pensar en la edad de la escritura. Cuando Jaime Siles habló de un libro generacional, yo no estaba muy de acuerdo. Me gustaría pensar que el libro puede apelar a historias de otras edades, porque en el fondo habla de situaciones universales: rupturas amorosas, poemas sobre el trabajo y la alienación, que puede vivir un ciudadano de 20, 30 o 50. 
-¿Por qué cree que existe una aprehensión a la poesía como género?
-La poesía cada vez se enseña peor. En los institutos enseñan a odiar la poesía. Con 14 o 15 años los alumnos se ven obligados a leer clásicos que pueden no ser la puerta de entrada a la poesía. Además, se ve como algo elevado y alejado de la gente y, en parte, la culpa la tenemos los mismos poetas. Nos empeñamos en sacralizar algo que en el fondo es cotidiano. Lo que yo hago no es más importante de lo que haga cualquier otro. Yo no salvo vidas, no soy cirujana, no soy ingeniera. Soy solo poeta. Hablo de lo que veo día a día.
"Nos empeñamos en sacralizar algo que en el fondo es mi cotidiano. Lo que yo hago no es más importante de lo que haga cualquier otro".
-“Habláis de mí, de lo que poseíamos: ¿es préstamo o es herencia”, escribe.
-Lo puedo tomar por varios caminos. Puedo hablar de cómo un poeta entra en sus tradiciones y decide tomar lo que le interesa. También plantear si la situación actual que vivimos es heredada o es responsabilidad de todos ¿Hubiésemos podido hacer algo para cambiarlo?  Al momento de escribir ese poema lo hice con la intención de que fuera muy abierto. Era más interesante tener preguntas que respuestas.

MÍRAME: poema de JOSÉ MANUEL TAPIADOR

 
 
 
 
 
Mira mis manos angelicales sobre tu aliento de espuma
desmembrando el límite de tu anhelo de sombra,
mira mis ojos salpicados de cielo sin ataduras
y mis versos calientes bajo el celo de tu penumbra.
Mira mi sol hambriento cubierto de verde luna
comparado con tus sueños soñolientos anclados en tus dudas,
mira mi cuerpo de vitriolo desmontado de amor y locura
correspondiendo a tu sangre compuesta de sal y azúcar.
Mira mi dolor temprano y mi piel madura
aflorando en tus dedos despojados de flores color púrpura,
mira mi soledad, mi desazón sin torceduras
intentando siempre lo mismo: amarte como nunca.
Mira mi silencio desnortado, mi silencio de ultratumba
empavesando lo que sabiamente perdura,
y mírame despacio, examinándome de los pies a la nuca,
para ver que solamente soy aire que se amolda a tu cintura.

 

XAVIER OQUENDO RINDE HOMENAJE A EFRAÍN HUERTA

10 mar 2014



















             
 




Este 2014 se cumple el centenario del natalicio de Efraín Huerta, autor fundamental de nuestra tradición literaria. Su recepción, fuera de México, crece cada día. Es así como el poeta ecuatoriano Xavier Oquendo Troncoso (1972) le rinde aquí un homenaje poético. Escribe un poema que dialoga con el ya clásico “Este es un amor”, aparecido en Estrella en alto y otros poemas (1956).
 
 
 
 
 
Este es un poeta
 
I
 
Este es un poeta que no tuvo su origen en ningún parte.
Casi como todos los poeta. y como las piedras.
Y como los ríos acostumbrados a descaminar
por esas anchas llanuras que hay en las partes portentosas del valle de México
donde se ve a lo lejos el corazón alumbrante del Popocatetepl
y la espesura de una pirámide que se sostiene como diciendo que de aquí no se baja nadie.
 
Este es un poeta que por suerte. Por las razones de fe o por lo que se pueda o se quiera: ha decidido quedarse para que la posteridad se encargue de ponerle su sitio.
De hacerle una pirámide a la luz de su fuerza encantadora.
Un poeta que supo que la poesía no descansa en paz.
y que la poesía tampoco es una huerta.
Que la poesía siempre estará al otro lado de Paz y de Huerta.
Que estará guiñándole el ojo a la inconformidad.
Porque solo el inconforme es poeta.
y la luz huertiana que, como el mismo ha dicho,
se quedara para aleluyarte.
Para encandilarte. Para amarte.
 
 
 
 
II
 
Un poema bien nacido
que se deje alcanzar por el poema
que lo corre tras, que lo busca delante.
Que entra en la cueva y no ve sus ojos. Y que no ve su rostro difuminado.
Y que alcanza solo el silencio
mientras Efraín Huerta vuelve a ser leído
y sus aleluyas. Sus fuentes de luz. Su atinada vanguardia.
Sus zarpazos de fuego. Su manifiesto nalgaista.
Sus poemínimos. Su corazón de cocodrilo sexual
se quedarán más que él en estos valles canoros, en estas lagunas disecadas. En el corazón de los sigses. En las formas y en los fondos de todo aquello que sea impredecible. Y que no bello. Y que no todo, porque lo todo no es la poesía. Solo es la chispa de la piedra que brota. Que no la piedra. Que solo lo que queda del instante de la piedra.
El poeta siempre será la anécdota del poema. El poeta debe ser el asterisco del pie de página. El poeta debe ser la tapa de cuero que guarda el cantar de los cantares.
El poeta debe ser el otro lado de la contratapa del libro.
El poeta no existe, porque dejó para su homenaje su poema.
Porque sus amigos, sus hijos lo tendrán por piel.
Que yo lo tengo en un libro. En el cartón de la portada dice su hombre.
Y en la solapa dice su rostro.
Pero que no es el poeta. Que es el poema. Que Cervantes será el poeta del Quijote. Pero el Quijote será quién l de la vuelta a Cervantes. Que el Quijote es eterno y Cervantes es un manco que trabajó para otros.
 
Que si Efraín Huerta escribió es para leerlo. Que tendrá su rocinante y su dulcinea en la posteridad de su poesía. Que la posteridad de Huerta es su lector: ese es su quijote.
 
 
 
 
III
 
Este es un poema que define un amor
bajo el crepúsculo de San Ángel
en la ciudad donde habitan todos los rostros del mundo.
En México uno puede encontrar su gemelo bueno. Su  mellizo malo. La sombra del otro yo. El otro Dorian Gray que nos vigila bajo la luz azteca.
Bajo el corazón de la urbe que nos sobrevuela.
 
El poeta de la ciudad. El poeta de lo que queda luego de la ciudad. El poeta que abre la otra ciudad. El poeta que escava la otra ciudad. El poeta que construye el poema ciudad. La ciudad del poeta que se vuelve poema en esta ciudad. Que es un montón de ciudad. Que es toda ciudad. Que uno sale del poema y llega a la ciudad. Que uno sale de la ciudad y no llega al poema, porque Huerta es la otra ciudad de ese poema que quiso ser la ciudad y no fue. Que quiso ser el poema de la ciudad y no fue. Porque hay eso de la insatisfacción urbana. Y ahí se queda el poeta escribiéndole a otra ciudad que es la misma. Que es la Ítaca de Kavafis. Que es Tenochtitlán. la ciudad que vio nacer El Ángel cuando los pájaros murieron sobre la ciudad.
 
 
 
IV
 
Esta es la historia de un poeta con poemas que quieren únicamente no ser la historia de un poeta.
Porque el poeta hace muchos años que dejó de ser producto de la historia. Solo Salomón, que fue poeta y fue rey tiene lo suyo de ser historia.
Que Huerta no tiene por qué ser la historia de sí mismo.
Porque la historia de sí mismo es el amor. Quien sabe, o es el dolor. Y como las dos son la misma cosa, entonces para qué hacer historia de la que mismo es. El era también un hombre del alba.
Esta es la historia de un poeta con poemínimos
Que no escribe versos de contenido Social. Porque todo verso siempre transciende en lo sexual
Y como Salomón  es también una historia de amor. Entonces de que historia hablamos.

LA POESÍA COMPLETA DE EMILY DICKINSON, POR PRIMERA VEZ EN EDICIÓN BILINGÜE

                                                                    

Emily Dickinson consideraba la poesía como fuente de conocimiento. Tomada de Facebook Emily Dickinson Author.
 
  • La escritora considerada una de las grandes de la literatura, sólo publicó alrededor de unos ocho poemas en vida
  • José Luis Rey tradujo sus 'Poesías Completas' en un volumen de mil 500 páginas
MADRID, ESPAÑA: - Emily Dickinson, considerada una de las mayores poetas en lengua inglesa y una de la grandes de la literatura  universal, a pesar de que su producción poética fue muy grande, solo publicó alrededor de unos ocho poemas en vida.
Ahora el poeta  español José Luis Rey acaba de traducir sus "Poesías Completas" (Visor) en edición bilingüe, en un volumen de casi mil quinientas páginas que acoge el hondo e inmenso mundo interior de esta poeta.

Emily Dickinson (1830-1886) nunca salió de su propia habitación, en su casa de la pequeña población de Amherst, en Massachussetts (Estados Unidos), desde donde solo veía su jardín, el paraíso que pobló su universo habitado por un profundo conocimiento del alma humana.

Admirada sin par por Juan Ramón Jiménez -ambos consideraban la poesía como fuente de conocimiento-, como recuerda José Luis Rey, es un referente de toda la poesía del siglo XX.

En este volumen, que es primera edición en castellano, José Luis Rey (1973), Premio Loewe de poesía por "Barroco", ha seguido la edición canónica de Johnson, que apareció por primera vez en 1955.

"He trabajado durante varios años en ella, pero siempre me ha acompañado porque la admiro desde siempre y es fundamental en mi poesía", explica el poeta.

Como decía Octavio Paz, "traducir no solo es trasladar sino transmutar", o también José Ángel Valente, quien no hablaba de traducciones sino de "versiones", Rey ha puesto su conocimiento en versionar los poemas de esta mujer, que consideraba el mundo exterior algo demasiado "prosaico".

"¡Perdida, cuando ya estaba salvada!¡El mundo dejé atrás! Y me armé para hollar la Eternidad.Cuando cobré el aliento, ¡y en la orilla oí retirarse mareas decepcionada", escribe Dickinson, y "Yo no soy nadie, ¿quién eres?, ¿eres nadie también tú?".

La naturaleza, el amor -nunca mencionó ningún nombre, ni de hombre ni de mujer- y la muerte son los temas de esta culta creadora que se formó en un seminario de la mano de su padre, en el entorno de una familia muy puritana y religiosa.

Aprendió desde botánica a matemáticas y religión, y griego y latín, una influencia constante en su sintaxis, en opinión de José Luis Rey, quien resalta este aspecto como una dificultad añadida a la traducción.

"La influencia del latín se deja ver en muchos casos, porque no conjuga los verbos, y eso cuesta, como también el uso de algunas palabras en inglés antiguo", precisa el traductor, al tiempo que asegura que algunos de los poetas a los que más influyó Dickinson fueron Wallace Stevens, Hart Crane o Elizabeth Bishop.

Juan Ramón Jiménez decía también que la poesía es un tesoro viviente que va dejando caer algunas joyas en forma de poema, y eso puede aplicarse a Emily Dickinson según José Luis Rey, "un tesoro".

"Ella no tuvo mucho éxito en su tiempo, porque, además de poeta, era mujer, y en su tiempo eso no se tomaba muy en serio; pero es que era una adelantada a su siglo -advierte-. En su época ni si quiera su mentor literario, con el que se carteó, el crítico Higginson, llegó a comprenderla", subraya Rey.

Visionaria, sublime, sutil, intensa, ilimitada, Emily Dickinson ve en la oscuridad, como dice el crítico Harold Bloom, para quien la poeta no ha sido superada por ningunos de sus descendientes poéticos.

Dickinson se preguntaba, "¿Mi verso está vivo?", y así lo dejó escrito en una de las cartas que escribió a su consejero literario Higginson. Hoy se puede decir: "Más vivo que nunca".
 

LEOPOLDO MARÍA PANERO: "MALDITO SEA"

El autor de ‘Poemas del manicomio de Mondragón’ y ‘Así se fundó Carnaby Street’ muere a los 65 años tras una vida destilada en la escritura y la desmesura

 

Leopoldo María Panero, sentado en una terraza de la Plaza de las Palomas de León en mayo de 2011. / josé ramón vega gonzález
 
“No tenía a nadie”. Así resumía hace unas horas el editor Antonio Huerga la soledad en la que ha muerto Leopoldo María Panero a los 65 años. Lo decía para explicar la incertidumbre sobre los restos del poeta: “¿Incinerarlo? ¿Enterrarlo? ¿Quién decide? No tenía a nadie”. Tras la desaparición de su hermano Juan Luis en septiembre pasado, la muerte de Leopoldo es el último capítulo de una convulsa historia familiar llevada al cine por Jaime Chávarri y Ricardo Franco. Él decía que prefería la película del segundo “por los colores”. Lo decía como lo decía todo, con una salvaje ingenuidad llena de citas de poemas ajenos y propios, teorías conspirativas, críticas a España, a la OTAN, a sus editores o a sus compañeros en el psiquiátrico de Las Palmas, donde se había recluido voluntariamente hace más de una década. Los elogios quedaban reservados para sus colegas de generación: Gimferrer, Colinas o Ana María Moix, fallecida la semana pasada.
“Vivo dentro de la fantasía paranoica del fin del mundo y no solo no quiero salir de ella sino que pretendo que los demás entren en ella. Todas mis palabras son la misma que se inclina hacia muchos lados, la palabra FIN, la palabra que es el silencio, dicha de muchos modos”. Así abría Panero su poética para Nueve novísimos, la antología de Josep Maria Castellet que le señaló en 1970 como una de las grandes promesas de la literatura por venir. Era el más joven de la selección y dos años antes se había estrenado con Por el camino de Swan, publicado en Málaga en 1968.

Poema inédito


En cuanto a la tristeza como modo de venerar la libertad no libre del delirio
Diré lo mismo de otra forma porque la repetición es un señuelo casi inteligente
Ciertamente la mano polvorienta de un enano
Enseña a los hombres un pez
Significando la poesía
Que se opone bastardamente a la verdad
Que rumia aforismos en pie sobre las tumbas
Sobre las que llora el ruiseñor
Como una bruja significando el silencio
Con un vaso de placenta enemiga de la verdad
La poesía como un hombre enemigo del hombre
Azuzando a sus perros
Para que persigan la eternidad que venden los relojeros.



Del poemario Rosa enferma, que publicará en otoño Huerga y Fierro.


 
           Repasar su vida durante ese año inaugural permitiría hacerse una idea de quién era Leopoldo María Panero, un poeta crucificado entre su propia desmesura y los tópicos de loco oficial de la poesía española. 1968 fue el año de su primer libro, de su primer intento de suicidio, de su ingreso en el Instituto Frenopático de Barcelona y de su paso por la cárcel de Carabanchel después de que lo detuvieran en Madrid junto a Eduardo Haro Ibars por consumo de marihuana y le aplicaran la Ley de Vagos y Maleantes. También fue el año en que escribió Así se fundó Carnaby Street. Publicado en 1970, ese libro contiene ya hecha (y deshecha) la voz de un autor que escribía todo lo que se le ocurría y publicaba todo lo que escribía. Cuando en 2001 Visor reunió su poesía completa hasta ese momento -588 páginas, una veintena de títulos- Panero tenía ya tres libros más en marcha en tres editoriales distintas. Uno de ellos Prueba de vida, una “autobiografía de la muerte” cuyo maltrecho mecanoscrito original paseaba por Las Palmas dentro de una bolsa de tela entre cintas de Los Chichos y antologías de Emily Dickinson.
A su muerte, Leopoldo María Panero ha dejado, al menos, un poemario inédito titulado Rosa enferma. Huerga y Fierro, su editorial de los últimos años, lo publicará el próximo otoño. Entre tanto, el sello madrileño ha emprendido la publicación de su obra título a título. De esa serie forman parte poemarios como Teoría, Narciso en el acorde último de las flautas, Last River Together, El último hombre, Poemas del manicomio de Mondragón, Contra España y otros poemas no de amor o Locos. Irracionalismo, expresionismo, culturalismo y hermetismo atraviesan una obra irreductible a una fórmula salida del cerebro de un hombre irreductible, más fácil de tratar para los rockeros que para los catedráticos.
El desencanto, sus intervenciones en público y sus apariciones en la radio (La ventana) o la televisión (Crónicas marcianas) quedarán para la leyenda del penúltimo poeta oficialmente maldito. En la memoria de sus lectores -y son muchos- quedarán los versos de “Deseo de ser piel roja”, “El loco mirando desde la puerta del jardín” o “Ma mère”, dedicado “A mi desoladora madre, con esa extraña mezcla de compasión y náusea que puede solo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto, tanto desastre”. Era en 1979. Ocho años más tarde subtituló como “reivindicación de una hermosura” otro poema, “A mi madre”, que termina: “y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra / y ahora que el poema expira / te digo como un niño, ven / he construido una diadema / (sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)”.
 
 
 
TAPIADOR: "UN CORAZÓN INQUIETO BUSCANDO A PANERO"
 
 
 
 
 
                Sería por el año 2008 cuando -ingenuamente- decidí que la espontaneidad de Panero "hijo" simulaba la obra de aquellos poetas malditos en los que yo me veía reflejado.
 
Coincidiendo en Madrid -cuando realizaba un curso especializado para formarme como maestro sastre en mi propia empresa- conseguí que mi obra y mi oficio se juntaran por primera vez con un hecho aislado y ajeno a la propia circunstancia.
 
El vínculo que consiguió unir la sastrería y la poesía fue el mismo que dibujó en la riqueza del paño la licuada juventud de un muchacho lleno de sueños e inquietudes. Asimismo, mi maestro "D. José Luis Frutos" (que era un apasionado de la poesía contemporánea) descubrió a un discípulo afinado aún en Góngora y la generación del veintisiete. Años más tarde, la voracidad hacia mí mismo me acercó a una metáfora oscura y necrológica propia de aquella poética ignorada por entonces.
 
Durante mi estancia en Madrid, llegó la Feria del Libro a la que religiosamente tuve que acudir para que el mismo Leopoldo María Panero me firmara con su puño y letra su último poemario, en el dorado albero del parque del Retiro.
Entusiasmado por mi maestro sastre, acudí con la alegría de hacerme con un ejemplar cuando, mi sorpresa, fue que al llegar al stand donde supuestamente se firmaban y vendían los libros descubrí que no estaba el autor, porque se había ausentado para tomar un whisky en algún garito cercano.
 
La desilusión llego pronto y la espera larga y sin éxito.
 
Defraudado por no conseguir lo que quería, -para un mayor desánimo- al día siguiente aparece D. José Luis con una hermosa dedicatoria firmada por el autor. 
<<Pero, ¿cómo es posible?>> y él me contesta: <<Al poeta hay que buscarlo en la whiskería o en el manicomio>>. De repente pensé en el día anterior, en la gente que perjuró que nadie podría conseguir un libro firmado y, sin embargo, ahí estaba la muestra. 
Quizá todo esto sucediera por prejuzgar de antemano a aquellos que podían lograr algo relativamente imposible.
 
No obstante, sin darle mayor importancia y pasado un tiempo, mi interés por aquél poeta -desvergonzadamente- creció igual que creció la hierba de otro corazón libre y agradecido.
 
 
 
 
JMT
MARZO 2014