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EL PRIMER POEMARIO DE JOSÉ MANUEL TAPIADOR:
42 QUITAMIEDOS
PARA EVITAR DESPEÑARSE
EN EL ABISMO DE TUS OJOS





"Un poemario inevitable e imprescindible, un paseo por el terreno del amor y la esperanza, un viaje hacia nosotros mismos". Así podría comenzar la sinopsis de un poemario que dará mucho que hablar por el lenguaje -prácticamente irredento- de un poeta que lucha por desvanecer el miedo a afrontar las dificultades propias de la vida.




(A LA VENTA EL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2015
EN TU LIBRERÍA)





 
CHARLES BUKOWSKY:
POESÍA CRUDA, POESÍA CANIBAL
 

 
Charles Bukowski, bautizado como Heinrich Karl Bukowski (Andernach; 16 de agosto de 1920 - Los Ángeles; 9 de marzo de 1994), fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania.
A menudo fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat, debido a sus similitudes de estilo y actitud. La escritura de Bukowski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida, Los Ángeles. Fue un autor prolífico, escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. A menudo es mencionado como influencia de autores contemporáneos y su estilo es frecuentemente imitado. Murió de leucemia en 1994, a la edad de 73 años. Hoy en día es considerado uno de los escritores más influyentes y símbolo del "realismo sucio" y la literatura independiente.
"La obra de Charles Bukowski recibió tantas críticas negativas como positivas. Se le acusó de practicar un estilo soez como mero exhibicionismo literario y de reiterar sus obsesiones de modo efectista. Otros críticos, en cambio, realzaron su autenticidad y su condición de escritor maldito."

 
 
 
"¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?" de Charles Bukowski
 
 
 
Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.
 
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
 
Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.
 
No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.
 
 
 
"A LA PUTA QUE SE LLEVÓ MIS POEMAS" de Charles Bukowski
 
 
" Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡POR DIOS!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!
 
¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos
en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.
 
No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía. "
 


POEMAS DE MANUEL IRIS

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Ilustración: Carolina González Valencia carolinagonzalezvalencia.com







Quiero jugar a herirte, mi silencio.
Quiero jugar a que te arrojo piedras,
a que te aviento pájaros y peces,
todo lo que vuela
y que te rompes, te cuarteas
y caen tus pedazos solamente en ti,
y los recojo y te miro,
pasivo y claro,
entero como siempre,
sin que te falte nada.
***
¿Y qué eres tú, silencio,
sino el más viejo disfraz
de lo que existe?
Anterior al deseo,
completamente bastas.
Nada te falta para completarte.
***
Si te repites tú,  silencio,
si te ecas,
¿Qué ritmo se hace luz?
¿Qué dices cuando danzas
en los ojos de los ciegos,
en el andar del sordo,
en nuestra muerte?
¿Qué respondes?
***
Pleno de ti, Silencio,
vaciándote en las cosas
inundas más espacio, todavía,
que la luz:
                    tu voz no tiene fondo.
Un pez-relámpago cabalga tus oleajes,
se adentra al sueño.
***
No eres la luz sino la transparencia.
Tu desnudez es la otra cara del cristal
de la quietud.
Pero te mueves, andas
mi silencios
nuevos, tu camino
de plateado pez,
de claridad espesa,
de brillante soledad
sin horas.
                        Permaneces.
***
Salgo de ti, Silencio,
para buscar tu ritmo y tus repeticiones,
para guardar tu rostro
y tu temperatura.
Lleno de ti mis ojos,
mis pulmones.
Toda mi lengua sabe a ti, Silencio,
mi saliva metálica, mi voz de nube,
nuestro aroma.
Un vidrio roto me conduce a ti,
a un barco ciego, a una despierta estancia.
Salgo de ti, Silencio
¿Pero qué cosa no?


************************************************
Manuel Iris (1983), poeta mexicano. Ha publicado poesía, ensayo y traducción en revistas de México, Estados Unidos, Portugal, Cuba, España y Chile. La presente selección de poemas corresponde a Los disfraces del fuego, libro inédito con que Iris ganó el Premio Regional de Poesía Rudolfo Figueroa 2014, dado por el gobierno estatal de Chiapas, a poetas nacidos o radicados en estados del sur de México y a poetas guatemaltecos.
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MARWAN: POETA EN EL ASFALTO 






Marwan nació en el barrio de Aluche en Madrid en 1979, hijo de padre palestino y madre española.[1] A los 15 años se compró su primera guitarra para tocar música heavy con sus amigos,[2] pero los discos de Serrat y Silvio Rodríguez que siempre sonaron en casa; y sobre todo cantautores de la generación de los 90 como Ismael Serrano, Tontxu y Carlos Chaouen, hacen que se acabe orientando hacia otra forma de componer. El cantautor estudió la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en el I.N.E.F de Madrid y en aquel momento no pensaba en dedicarse a la música profesionalmente como hace en la actualidad. Sin embargo cuando se encontraba en el último año de la carrera editó su primer álbum: Principio y fin.[3]
Compone canciones unas veces por necesidad y otras por pasarlo bien. Posteriormente bebe de las más diversas influencias desde rock anglosajón a Manu Chao o Iván Ferreiro y autores coetáneos a él como Luis Ramiro, Andrés Suárez o Funambulista.
Con su música ha realizado giras por diversos países de Latinoamérica y de Europa. En enero de 2009 actuó en Ramala y previamente en noviembre de 2007 se había presentado en Jerusalén para actuar en el Festival de Otoño de la Música. Pero también se presentó en Colombia, México, República Dominicana, Argentina, Chile y Uruguay.[4]
En 2011 además de lanzar el disco "Las cosas que no pude responder" Marwan editó un libro de poemas llamado "La triste historia de tu cuerpo sobre el mio" que ha alcanzado los primeros puestos en las listas de ventas del país, con más de 12.000 copias vendidas.
El 12 de julio de 2013 dio un recital en el Teatro Circo Price[5] ante 1.800 personas. En el escenario lo acompañaron figuras consagradas de la escena musical: Pedro Guerra, Jorge Drexler e Ismael Serrano. Con este concierto concluyó en Madrid la gira "Las cosas que no pude responder", sumando 180 presentaciones.[6]
Su próximo disco se espera para el primer trimestre de 2014.[6






SELECCIÓN DE POEMAS





FIN DE AÑO (del libro "La triste historia de tu cuerpo sobre el mío" de Marwan)


En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre,
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso. No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros

me llevó tan, tan lejos de mí.


La batalla más grande del mundo


Cada vez que una madre acaricia a su hijo.
Cada vez que una persona devuelve el cambio de más que el tendero le dio equivocadamente.
En cada llamada a alguien que de verdad lo necesita.
En las manos de un enfermero que gasta los mejores años de su vida cuidando a otros que tuvieron menos suerte.
Cada vez que respiras un segundo tras un ataque frontal y no devuelves los misiles.
Cada vez que dimite avergonzado un ministro por coherencia ante un error inasumible.
Cada vez que una señora es ayudada a cruzar la calle.
En la noticia en que se dona la patente de una vacuna milagrosa que salvará de la muerte a África.
En el click del donante anónimo en la web de la ONG que confirma 12 euros al mes.
En el hombre que despierta deseando el bien en todas partes.
En la cabeza de quien respeta a quien camina por la otra orilla política, en las antípodas de su ideología.

Cada vez que esto sucede, en todos estos lugares la luz está arrinconando a la oscuridad.
Conviene acordarse de esto de vez en cuando,
porque a menudo pensamos que la vida eso sólo lo otro,
la ausencia absoluta de luz,
el egoísmo,
el agravio

y la condena.



Dos mitades


Cundo los cuerpos ya no saben dónde están,
cuando nuestras bocas ya han perdido el pasaporte
y viajan sin fronteras por el vientre.

Cuando la noche suda a través de nosotros
y lo inesperado es sólo una forma del lenguaje,
cuando los sentidos aplastan la prudencia
y la lengua busca rincones donde hilar una epopeya.

Cuando la ropa va dibujando un sólo mapa por el suelo
y las manos anulan en un sexo toda lógica
y la piel es el lugar donde se inicia un paisaje.

Cuando de tanto mirarnos nos salen verbenas en los ojos
y el olvido va escribiendo su epitafio
y por eso todo empieza.

Cuando nos desabrochamos la cordura
tú a mi
yo a nosotros
y el proyectil vuela
e impacta sobre todos los que piden sensatez y recato.

Correrse juntos es la forma más bella de espantar a la soledad,
de desalojar de entre las piernas a la angustia.

Una mujer.
Un hombre.
Dos mitades de un mismo orgasmo
y una cama masacrada
y una sábana que pierde la calma
que pide un bis,
que gustosos,
tras recuperar el aliento,

le volveremos a conceder.


Sobre el deseo y otras cuestiones (Fragmento del libro-disco "Apuntes sobre mi paso por el invierno")


Antes de esto estuvo el "después",
la ciénaga infinita que deja tras de si el amor cuando termina.

La vida era solo un paisaje roto que se colaba por la ventana.
Intentaba adelantar a la realidad por la derecha
bajando al sótano de las pasiones sin domicilio.
Así me encontré de golpe
con las paredes desconchadas del sexo por el sexo.
Fui de cuerpo en cuerpo Buscando Trofeos,
Estrellando Mi Piel Contra La Madrugada
para despertar Al Día Siguiente
y comprobar que todo aquel deseo era un cofre vacío.
Estuve demasiado tiempo forzando el motor,
cargando el rifle por los bares,
buscando a la mujer que me hiciera una herida
por encima de aquella herida,
el nombre que tapara su nombre,
imaginándome que era cierto aquello de que
un clavo saca a otro clavo
y lamentablemente no lo era,
al menos allí no.
Fui incapaz de hallar el Amor Entre Tantos Amores.
No encontré ningún corazón de recambio
con el que despistar al invierno.

Allí estaba yo como un niño de 28 sin regalos,
un joven pidiendo tregua a las puertas de la tarde.
Era un envase vacío.
Cuantos más camas frecuentaba más se hundía el piso,
porque cada vez que desnudaba un cuerpo esperaba respuestas
y el sexo sin fondo trae virutas de placer
pero no felicidad en manada.

Que la belleza y el deseo son dos hermosas fieras
que con facilidad inaudita pueden
torcer la biografía de cualquier hombre respetable.

No estaba preparado para eso.
Nadie espera tener que librar otra batalla tras la batalla.
Fue duro comprobarme solo,
exiliado de mí mismo.
No estaba preparado.
Aprendí que surfear de cama en cama solo trae más soledad,
que la soledad se llamaba Octubre
y es un trabajador a jornada completa.

Que la soledad es mucho más
de lo que tardas en dar con otro cuerpo
y que cuando no es algo buscado es un mal negocio.



























ARCO 2015: LA EXPRESIÓN VISUAL

FERIA DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE MADRID


CORTESÍA NOGUERASBLANCHARD, MADRID/BARCELONA


Dentro de dos años se conmemorará el centenario de una de las obras más polémicas e influyentes de la Historia del Arte: «La Fuente», de Duchamp, que no es otra cosa que un urinario. El artista tuvo una genial idea: si este objeto cotidiano lo trasladas de su lugar habitual (un cuarto de baño) a un museo o una galería de arte, el objeto cambia de estatus y se convierte en objeto de arte. Desde entonces la Historia del Arte no ha sido la misma.
Cada año en ARCO los medios y el público andan en busca de las obras más extrañas, raras y escandalosas. Los primeros, para ilustrar las páginas (físicas o web); los segundos, para hacerse los selfies más originales y triunfar con ellos en las redes sociales. Como la feria ha madurado, no es tan fácil encontrar este tipo de piezas. Aunque las hay: cuadros hechos con bragas y tangas rojos; una Marilyn crucificada, un libro de Marx dentro de un bolso de Vuitton, o unas figuras horripilantes de Enrique Marty, que prometen ser de lo más fotografiado en ARCO.
En el «stand» de Nogueras Blanchard, una de las galerías españolas más potentes e internacionales, con sede en Madrid y Barcelona, luce una pieza conceptual que, sin duda, llamará la atención del público. Se trata de un vaso de agua, medio lleno -o medio vacío, según se mire-, colocado sobre un trozo de madera. La pieza está colgada en el exterior del «stand». En la cartela luce el nombre del artista, Wilfredo Prieto (cubano nacido en 1978 y ganador del premio Cartier), su año de ejecución (2006) y sus materiales (agua, vaso y estante). No figura su precio, pero quien quiera comprarla debe pagar 20.000 euros. Aún no tiene el punto rojo de vendido, pero nos dicen que se han interesado por la pieza.
Hablamos con Álex Nogueras, uno de los propietarios de la galería. Le pedimos cómo explicar a los lectores y a los visitantes de ARCO que un vaso de agua cuesta ese precio. «Es un tema puramente de mercado, de la ley de la oferta y la demanda -explica Nogueras-. Wilfredo Prieto es un artista conceptual que lleva con nosotros diez años y produce muy poco. Trabaja con materiales que se pueden reponer si se estropean, como las frutas. Es una obra muy democrática. Son piezas únicas (las que se venden a coleccionistas particulares), más otra prueba de artista (para instituciones públicas). Sus trabajos suelen tener tres tamaños y tres precios fijos: 20.000, 35.000 y 60.000 euros, de menor a mayor tamaño. Como vaso de agua no vale nada esta obra. De hecho, si alguien lo roba pongo otro. Así lo especifica el propio artista. Lo que da valor a la pieza es el certificado del artista, en el que consta cómo se instala, en qué condiciones...» ¿Si yo pongo en mi casa un vaso similar, lo lleno de la misma cantidad de agua y lo coloco en un soporte de madera semejante tendría un Wilfredo Prieto? «No, sería una copia».

Nos muestra el galerista un catálogo del artista cubano con otros de sus trabajos. Bajo el título «Políticamente incorrecto», un trozo de sandía cuadrado. Se exhibió en la Bienal de Estambul. Su precio: también 20.000 euros. Se vendió. Y en este caso el comprador de la obra tuvo que adquirir la sandía y cortar el trozo. Se convirtió en un Wilfredo Prieto al conseguir el certificado del artista. Otra de sus curiosas obras es «Escala de valores» (varios vasos de plástico con restos de ron, Coca-Cola, vino, cerveza y agua). También se vendió por 20.000 euros. Y uno de sus trabajos más famosos es una pieza con grasa, un jabón y una cáscara de plátano. La adquirió un coleccionista belga. Una completa monográfica de Wilfredo Prieto se ha visto en el SMAK de Gante y el Kunstverein Braunschweig, y ahora se exhibe en La Habana.






 
 
POESÍA SIN TIEMPO: PHILIP LEVINE
 

 
   
 
    El poeta estadounidense Philip Levine, ganador del premio Pulitzer en 1995 y que buscó en España inspiración para buena parte de su obra, falleció el 14/02/2015 a los 87 años.
Levine murió víctima de un cáncer de páncreas en Fresno (California, EEUU), según confirmó al periódico 'The New York Times' el también poeta y amigo del autor Christopher Buckley.
Además del Pulitzer, el escritor fue distinguido en dos ocasiones con el National Book Award y sus escritos aparecieron regularmente en prestigiosas publicaciones como 'The New Yorker' y 'Harper's Magazine'.
En su obra, Levine abordó su infancia en la industrial Detroit, los soporíferos trabajos de su juventud y dedicó mucha atención a España, donde vivió durante un tiempo.
El poeta sentía una especial fascinación por la Guerra Civil española y dedicó numerosas piezas al conflicto, entre ellas algunos de sus poemas más populares, como una elegía al anarquista Francisco Ascaso.
Además, sus conocimientos de español le llevaron a traducir a Pablo Neruda y César Vallejo, entre otros.
Hijo de inmigrantes judíos de Rusia, Levine creció durante los difíciles años de la Gran Depresión y perdió a su padre cuando tenía sólo cinco años. El poeta vivió la mayor parte de su vida entre Nueva York y California, en cuya universidad estatal dio clase desde 1958 hasta 1992.
 
 
 
 
 
  
 
POR UN DURO

Nochebuena, 1965
Por un duro tenías una noche al resguardo.
(Un duro era una moneda de cinco pesetas
con el perfil de Franco, la narizota respingona
como si él solo hubiera recibido
el aliento de Dios. En el 65
sólo él recibía el aliento de Dios).
Por un duro podías tumbarte en el vestíbulo
del Hotel Splendide con tu traje de los domingos,
dormir bajo las luces, y levantarte a tiempo
para bendecir la llegada del Hijo. Por un duro
lo podías tener todo, coches, mujeres,
una comida de siete platos y vistas al mar,
con las camareras inclinándose
al preguntar con reverencia: “¿Más mantequilla?”. Por un duro
compré un paquete de Antillanas y le di uno
al único viajero de la terminal desierta,
un soldado de uniforme. Cuando se agachó
para encenderlo, vi el cogote pálido,
desarreglado. Aún debe estar allí, esperando.
El hotel ya no está, el edificio sí,
un hospital veterinario y un comedor de animales
dirigido por el señor Esteban Ganz, vestido
para trabajar esta mañana con bata blanca,
corbata negra y bambas sucias. Modestamente
me muestra tres cachorros de lobo, pintos,
salvados de la muerte, los feroces gatos silvestres,
recorriendo impacientes la gran jaula como tigres, el tucán
debilitado por un virus desconocido, pero ahora
ya recuperado y acicalándose. Colores bulliciosos:
rojos, verdes y dorados resplandecientes,
idóneos para anuncios que proclaman la paz inter-
galáctica cuando llegue el momento.

 
 
 
 
 
 
EL POEMA DE TIZA
 
 
 
Esta mañana, de camino al bajo Broadway,
me crucé con un hombre alto
hablándole al trozo de tiza
que sostenía en la mano derecha. La izquierda
estaba abierta y marcaba el compás,
pues su discurso tenía ritmo;
era un canto o una danza o, quizás,
un poema en francés, pues
era de Senegal y hablaba francés
tan lento y con tanta precisión que yo
podía entenderlo como si me hubiesen arrojado
cincuenta años atrás, hacia
mi clase de instituto. Un hombre esbelto,
elegante en las formas, pulcramente vestido
con los restos de dos trajes azules,
con la corbata firmemente anudada y su camisa blanca
sin planchar, aunque impoluta. Conocía
la historia entera de la tiza, no solo
de aquel trozo en particular, sino
de la tiza con la que yo escribí
mi nombre el día en el que regresé
a la escuela tras la muerte
de mi padre. Conocía el feldespato,
el calcio, las conchas de las ostras; sabía
qué criaturas habían dado su espinazo
hasta formar el polvo temporal
prensado en aquellos conos perfectos,
conocía la tristeza de las aulas
en diciembre, cuando la luz decae
temprano y las palabras de la pizarra
abandonan su gramática y sentido
y, más tarde, incluso sus contornos, de tal modo que
cada letra se expande en todas direcciones
y, al mismo tiempo, no significa nada en absoluto.
Al principio pensé que su barba corta
estaba escarchada de tiza; conforme
nos aproximábamos, a menos de un pie
de distancia, vi que sus pelos eran blancos,
así que a pesar de la juventud que había en sus gestos
era, al igual que yo, un hombre entrado en años, aunque
de apariencia mucho más noble, con sus pómulos altos
y tallados, sus hombros anchos
y sus claros ojos negros. Tenía el porte
de un rey del bajo Broadway, alguien
salido de la mente de Shakespeare o
de García Lorca, alguien por quien la pérdida
se había dulcificado en caridad. Nos enfrentamos
durante aquel largo minuto, ambos
compartiendo el último poema de tiza
mientras la gran ciudad se enfurecía a nuestro
alrededor, y luego el poema se acabó, tal y como lo hacen
todos los poemas, y su mano izquierda se desplomó
hacia un lado bruscamente y me tendió
el trozo de tiza. Yo me incliné ante él,
sabiendo cuánta era la importancia de aquel gesto,
y le escribí mis agradecimientos en el aire,
donde podrán ser escuchados para siempre
bajo el grito endurecido de las conchas del mar.